13 lágrimas de cocodrilo en Petén y un sueño

Diciembre 28, 2009 by renata  
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“La humanidad conserva el buen feeling y causas como la protección de nuestros recursos naturales está latente en los corazones de los buenos habitantes del planeta” Alejandro Marré

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La curadora y el artista decidieron embarcarse en un nuevo proyecto. Literalmente. A bordo del Gaviota, el 13 de diciembre de 2009, el Proyecto Libélula montó una exposición itinerante alrededor del Lago Petén Itzá. Y es que no hay muchas galerías de arte en las aldeas alrededor del Lago. De hecho, no hay ninguna. El lago colinda con Flores, El Remate, San Benito, Santa Elena, San Andrés y San José, todos con grados de marginación muy altos, de acuerdo con este mapa de pobreza.

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De acuerdo a Alejandro y Aída explican qué es el proyecto de las 13 lágrimas:

13 lágrimas de cocodrilo es un ejercicio vivencial, un happening basado en elementos básicos: La amistad, el arte y la buena energía. Punto de partida y combustible emocional para deambular por el universo maya y navegar los oleajes del Lago Petén Itzá, compartiendo imágenes inspiradas en los cuentos para niños, estados en los que el alma encuentra protección, magia y alegría. La muestra está inspirada en personajes poderosos que protegen al Lago y a sus habitantes, un sueño de conservar el regalo de la vida y la naturaleza.

Así como los ancestros veneraban los recursos naturales, 13 lágrimas de cocodrilo es un acto simbólico para reflexionar sobre la belleza natural que aún está en nuestras manos proteger y de la cual todos debemos ser partícipes.

Los peteneros, quizá por el aislamiento y lejanía con el resto del país, son de naturaleza solidaria, cálida y colaboradora. Viven en una región privilegiada y rica en biodiversidad y tesoros arqueológicos pero a la vez sumamente pobre, con mala infraestructura y por la posición geoestratégica, cerca de las fronteras mexicanas, beliceñas y del mar, un sitio que sufre de narcotráfico, biopiratería, tráfico de personas y tala ilegal de árboles. Así también, la extrema pobreza y la carencia de suelos con vocación agrícola, propician la roza, aumentando con los años el número de incendios forestales que amenazan tan privilegiado lugar.

Pero no todo es caos y problema. Alejandro cuenta cómo toda la comunidad recibió con alegría y apoyo a estos aventureros amantes del arte. Desde el vendedor de periódicos facilitando el autoparlante, hasta amigos prestando la lancha Gaviota, hasta empresarios locales y personas de cada comunidad colaborando en cada paso de la exposición.

¿Y cómo reaccionaron los jóvenes peteneros ante la muestra?

Los jóvenes peteneros son curiosos, activos y conservacionistas, luchando por preservar el equilibrio ecológico en sus comunidades, con los objetivos claros pero también con los sueños que solo da el ser un habitante del corazón del mundo maya. La muestra ayudó a acercar el arte de Alejandro a ellos quien a cambio se fue con la lancha y el alma llena de esperanza sabiendo que a pesar de todo y además de todo lo que enfrenta este complejo lugar, sigue brotando la calidad humana, la ilusión, la magia y la armonía de este espacio único.

Apuesto a que se le salieron unas lágrimas al estar en ese sitio con tanta intensidad. Bien dicen que el corazón se escucha más fuerte en los rincones más alejados del mundo.

Foto de cocodrilo por Edans. Fotos de la exposición Alfonso Parutz

Viva “La Colifata”

Septiembre 12, 2009 by renata  
Filed under Arte, Mundo, Portada

Viva La Colifata! Desde los jardines del Hospital Tiburcio Borda, Buenos Aires,  Radio La Colifata emitiendo de nuevo,  emitiendo como siempre desde hace ya más de 15 años,  esta vez por internet en una colaboración con Manu Chao:  20 temas para reir, para llorar, para meditar…  sobre la vida, la muerte, las madres, la soledad, el amor, el tango, el Papa de Roma, Nerón,  el fin del mundo, el sol y más viejas locas…

La terapia del Hospital Borda: devolver el “status de existentes” como punto de partida

El Hospital Borda, el más grande centro de tratamiento psiquiátrico de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, es un sitio lleno de contradicciones. Con uno de los mejores sistemas de terapia jamás implementados en el mundo, este singular hospital tiene un reducido porcentaje de pacientes que recaen: solo el 10% de las personas necesitan ser reingresadas luego del tratamiento. El secreto no está oculto tras una prescripción médica de un fármaco caro que “normalice” a las personas. De hecho, de ser así, un reducido número de pacientes podría beneficiarse. No son precisamente recursos económicos los que sobran en dicha institución, que no cuenta con la simpatía de las autoridades. En realidad, en el Hospital solo son millonarios de magia. Son visionarios de la desmanicomialización.

El buen trabajo hecho por los médicos y pacientes del Borda tiene su epicentro en “Radio La Colifata”, un espacio radial conducido por los médicos y con las voces de los pacientes en la radio, con una variedad de intervenciones que van desde la poesía hasta la música. Su objetivo es la redignificación de la locura socialmente. Es tan singular que ha atraído el apoyo de todo Buenos Aires, de buena parte de Argentina y de países como España y Brasil, que han intentado proyectos similares. También Carlos Larrondo le ha dedicado un documental y Manu Chao un disco, que  detallaremos luego. O también podemos oír el podcast por Celeste Hamilton y Ceci Gil, de Idealist!

Sinopsis de Documental: Así lo describe “Bausan Films”

“LT22 RADIO LA COLIFATA”: El Documental por Carlos Larrondo

Buenos Aires, Argentina. Noviembre. En los jardines del Hospital Psiquiátrico J.T. Borda comienza la emisión del programa de los sábados de “LT22 Radio La Colifata”. Una emisora de radio hecha íntegramente por los internos del Hospital. Un espacio radiofónico dónde se da la palabra a quienes la han tenido negada por mucho tiempo: “los locos”. Durante el transcurso del programa radiofónico iremos descubriendo el entramado de esta radio peculiar: su evolución a lo largo de 13 años de historia y sus éxitos conseguidos en el terreno terapéutico.

Radio La Colifata utiliza el medio radiofónico como instrumento de participación en el mundo y logra así romper los muros que separan a los enfermos mentales de la sociedad. También iremos conociendo a sus protagonistas: los “colifatos” (internos y exinternos del Hospital), el director del proyecto (Alfredo Olivera, un joven psicólogo) y los coordinadores (psicólogos y asistentes sociales) Conforme se desarrolla el programa se irá revelando el funcionamiento interno de La Radio.

La Radio también se puede escuchar por Internet: http://lacolifata.openware.biz/index.cgi

Viva la Colifata! El Disco: “Todos tenemos derecho a ser felices”

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Este disco, de libre descarga, pero que también llama a ser solidario y ayudar al Hospital más colifato del mundo, tiene veinte canciones y un viaje garantizado.  Así como nos dice el sitio, garantiza … “un viaje loco en este mundo de locos,  los de afuera y los de adentro, todos  revolcándose en el mismo melao … Un viaje que se puede uno descargar gratuitamente pa’ llevarlo pa’ su casa, coche,  trabajo, cama, escoba, burro o caballo y escuchar lo que dicen y opinan los colifatos a los cuatro vientos del horizonte.”

“Todos tenemos derecho a ser felices” dice La Colifata. Y ciertamente, este disco nos da un momento de felicidad, de veinte canciones. Un poco de saludable locura para nuestra salud mental.

Palabras Callejeras

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Babeando con el cuchillo en la mano y la camiseta sucia, los ojos se derriten tras los cristales oscuros de mis anteojos baratos mientras la policía pasa y amenaza con detenerse. Qué saben esos rufianes de la bossa pura y del Hai Kai. La jalea que cae sobre el panecillo robado en la esquina justa de las explicaciones es una farza en donde cada payaso actúa deliciosamente. La señora, el arbusto, el oficial molesto con cara de molesto y el universo y sus caldos sacrosantos pesa en el iris del ojo del que sospecha que algo no anda muy bien. Yo no le pido nada señora, solo déjeme estar, el concreto es lo suficientemente grande para que ambos nos tiremos y también es lo suficientemente duro como para adorar la permanencia voluntaria. No creo en el parental advisory y sus hijas tampoco, así que lárguese con el policía que a lo que a usted la falta es un poco de acción de primera. Yo no pretendo nada, solo estos momentos acuosos y el arco iris que nos regala un segundo de ternura me parece una señal divina que pocos leemos con cautela. Mi rasquiña contemporánea, ya no creo en la Rayuela, pero como me gusta el salto de círculo en círculo y esas sombras que nos asustan en la memoria. Blur. Así lo quiso el verso y la justicia poética. Babear, babear y hacerse uno viejo con las señales en el cuerpo y el beat que se pone más Tom Waits. O bueno. Horizontes de octubre y cielos rasos que no comprenden las posiciones en las que tarde o temprano nos obligan a estar. Una bella sirena menor de edad y esas dictaduras del ultrafashion. Nos ponemos hasta el Cake, con una facilidad de cafeína y codependencia. Binaria insistencia de la niña que me pedía a gritos que la hiciera volar, pero yo no soy santo, yo pretendo ser escritor y eso son dos cosas muy pero muy locas y dispares. Señora a mi me gusta el sereno, el pavimento y el dar explicaciones, así que entonces platiquemos, sólo dígale al oficial que soy amigo de la familia.

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Llorando titulares sangrantes, las palabras salen olorosas a miedo, porque la justicia poética no llega a tiempo y esa puede ser una justicia poética también. Salir, abrirse uno paso entre el tumulto, oler también el vaho de los lobos cazando, perfumados, con corbata…Los gestos fúnebres de los ciudadanos comunes en su devenir al matadero, todos los días puede ser el último y la gente sabe que en el centro de la tierra hay un imán maligno. Lo saben porque en los estéreos de los autobuses en los que viajan todos los días, lo susurran, lo dicen, lo gritan. Hay palabras entredichas, pero la gente no es tonta, tampoco los gigantes que nunca se cansan de comerse al mundo. Y eso afecta. Comienzan a verse casos aislados, pero casos al fin, de gente que está muerta aunque respire, y eso pasa cuando se muere la esperanza. Esa manía de soñar que las cosas pueden ser diferentes. Incoherencias analizadas en laboratorios de países desarrollados.

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Anhelar es un lujo en esta jaula gigante, aunque algunas sonrisas nos confundan con tonaditas bobas en televisión nacional. El rito de salir cada mañana, morirse de traje formal, mientras la maquinaria reporta el ir y venir de las finanzas, tus ojos perdidos entre los ojos de los tienen la mirada perdida, me recuerdan un poco a los míos, extraviados y llorando, titulares que nos repiten cosas tristes como deja vu.
Las palabras que quiero decir se confunden con las palabras que todos quieren decir tarde o temprano, la marea de los gritos de auxilio y el desatino de los que nos tratan de salvar. No hay nada más peligroso en estos días que darse uno cuenta…

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Por eso….

Habría que hacerse uno calle, esquina, rito de malandrin y mala palabra, endurar el cuero, sacar las uñas. Saltarse las trancas y no mirar hacia atrás, ni al lado. Porque de todos modos alguien saldrá herido. Habría que tomarse la píldora azul y la roja, y la verde, amanecer buscando vergazos, ver arcoiris en las tolvas cromadas de algunos locos que nos miran, pelar los dientes, encontrar al angel guardian que no porta documentos, perder los estribos encontrarlos, colecccionar dias a salvo en albumes privados, música de huesos, silencios incómodos mientras nos escaneamos, nos hacemos cómplices o verdugos vestidos de cuero, calle oscura, calle iluminada, calle prohibida, calle peligrosa. Banqueta metralleta, estallido de guardias de seguridad y sicarios, esa jalea de hermanos que cambian de nombre, de bando, de religión. La maquinaria sagrada que nos lleva cargados o nos carga con toda su mierda, pero hay horizontes incluso sin horizontes en este tropico narcotizado, aunque la retajila de guardaespaldas nos tapen el paisaje, caen los angeles, recaen los junkys, aparecen los ausentes y se diluyen en este caldo sacrosanto, el pan nuestro de cada día, la costumbre de hacer justicia, un dragón karateka con ojos de fuego nos cuida por diez pesos, o nos mata por tres… Larguémonos en el avión bombardero lanzando minutos de silencio por estas calles desiertas en donde los payasos, las monjas, los policias, los ejecutivos, las niñas, los abuelos, las modelos, el camarero, la modista, el cartero, la bailarina, el bebe, la beba, el poste, el perro, el chiclero, el santo, el futbolista, la enfermera, el maestro, la secretaria, el poeta, esa señora que va pasando por alla atrás, se ven sospechosos cuando nos acusan de sospechosos, en este teatro de sombras en donde la entrada nos cuesta la vida.

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Texto y fotografías por Alejandro Marré*. Las fotografías forman parte de una muestra de arte que ha preparado Alejandro, “Armas Típicas”.

Pueden ver más del excelente trabajo de Alejandro en:
www.alejomarre.blogspot.com
www.artemarre.blogspot.com

Influenza Cósmica en México

La peste

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Sábado 25 de abril, por la noche. Vamos desde Ecatepec a un pub irlandés en La Condesa, México D.F., donde nos atiende una muchacha demasiado flaca para la forma en que se mueve. Beatriz insiste en hacer el largo viaje, a pesar de que se rumoreaba el cierre de todos los antros de la zona. Insiste porque quiere saludar a su hijo, quien estudia música en la megalópolis desde hace un par de meses y vive cerca del sector.

Nos acompañan, además de Rodrigo y Julio, guatemaltecos, Nahum y Pablo, mexicanos. Bebemos con cierta apatía un largo tubo de cerveza oscura, mientras vemos llegar al hijo de Beatriz con un amigo. Atrás de ellos, unos funcionarios grises y parcos, con los rostros cubiertos por mascarillas.

Los grises sujetos nos hacen abandonar el bar cuando apenas da la medianoche. Epifanía. Entonces les digo, enfatizando mi mirada hacia los mexicanos: “Algo así es Guate, como México con la peste”.

Hacia ciudad Ecatepec

Jueves 23. Viajo, junto a Rodrigo Rey Rosa, hacia el municipio de Ecatepec, el más grande y poblado de Iberoamérica con sus tres millones de habitantes, para celebrar el día del libro. Ecatepec es un municipio del Estado de México —el lugar donde surgió el actual brote de influenza porcina—, ubicado a una hora, más o menos, del aeropuerto del D.F.

Me siento sano, contento, no existe en mi cabeza ningún presentimiento sobre la futura aparición del virus.

Pero durante el vuelo leo El material humano, la nueva novela de Rey Rosa, lo cual me provoca taquicardia, un ligero ataque de pánico y pensamientos para-noicos que no me abandonan. Esto es lo único que anuncia, sin quererlo, la situación que existirá en México a partir del día siguiente.

Salimos del aeropuerto; parece un día normal en el Distrito Federal, el tráfico y las marabuntas humanas. Taquerías, puestos de tortas, grafitis, miembros de tribus urbanas avanzando como guerreros mitológicos. Entramos a Ecatepec, que es como una Villa Nueva gigante, del tamaño de la ciudad de Guatemala. Parece un lugar próspero, aunque los cerros dibujan amplios sectores de desfavorecidos.

Al acercarnos al hotel Fiesta Inn, todo comienza a lucir luminoso. El sol es radiante y el chofer que nos lleva es gracioso, sin ser simpático. Nos habla de un escritor llamado El Valedor, quien, según él, no tiene parangón. Reímos. En nuestras cabezas comienza a florecer una botella de mezcal y el esperado concierto de Lila Downs, programado para el sábado, en el mismo festival adonde fuimos invitados.

Llegamos a Ecatepec un día antes de la noticia de la peste. Las personas todavía no andan con mascarillas y en el aire lo que hay es la felicidad de celebrar el día del libro, con una feria llena de joyas y rarezas, todas a precios de me lo llevo. Hay un podio y unas sillas dispuestas en la explanada frente al Ayuntamiento, donde realizaremos nuestra lectura. Guatemala es el país invitado de la pequeña, pero dignísima feria, que se lleva a cabo en el marco del Festival Internacional Nuevos Vientos.

Entre el público me llama la atención un joven que viste bufanda, desafiando a los 32 grados Celsius del ambiente. La bufanda casi le oculta el rostro; es una especie de premonición de los enmascarados que comenzarán a aparecer por todas partes tan sólo un día después.

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No more Lila, no more Aterciopelados

Viernes 24 de abril. El joven poeta Julio Serrano llega desde Guatemala justamente el día en que estalla la noticia sobre la epidemia de influenza que asuela a México. Hacemos una lectura en la Biblioteca Municipal, con un público muy animado y atento. A la mitad de nuestra presentación, somos interrumpidos por unas funcionarias de Salud Pública que entregan mascarillas a escritores y concurrentes.

Alguien estornuda al fondo de las sillas y el local se ve invadido por una avalancha de risitas nerviosas. Al terminar la lectura les digo que seguramente nosotros, los guatemaltecos, somos las “malas influenzas”. La gente sonríe, unánime.

Más tarde almorzamos acompañados de funcionarios ediles. Beatriz acaba de llegar desde Guatemala. Apenas comenzamos a saborear la naciente psicosis colectiva, cuando aventuro, en forma de chiste, que el festival será cancelado debido a una peste de fiebre porcina. Lo digo sin pensarlo mucho, un arranque. Devolviendo el chiste, Nahum acusa a Julio de traer el mal desde Guatemala, mientras asonamos la carcajada, Julio incluido.

Minutos después se confirma que el festival se cancela, lo cual nos deja sin nuestras lecturas y sin los conciertos de Lila Downs, Aterciopelados y La banda de Tom Waits, entre muchos otros artistas del más alto nivel. Ahora sólo tengo puesta una mascarilla y estoy muy lejos de las estrellas.

Por la noche, viendo la televisión en mi habitación del hotel, registro, no sin cierta sorpresa y recuperando un poco la paranoia que sufrí durante el vuelo, que efectivamente las autoridades informan que no se trata de una simple influenza, sino de una mutación similar a la gripe porcina: una influenza porcina.

¿Peste porcina o gripe cósmica?

Sábado 25. Salimos por la tarde hacia Teotihuacán, buscando olvidarnos del clima tenso y los delirios colectivos que susurran innumerables causas de la influenza porcina, mega-líticas e irreparables consecuencias y exuberantes pronósticos milenaristas.

Pasamos antes a la Biblioteca Municipal de Ecatepec, donde nos agasajan con chicharrones, una especie de ironía sutil para resistir el embate de la realidad. La mujer que los ha preparado nos dice que no hay peligro alguno. Y si lo hubiera, pues que de algo hay que morirse.

Mientras escribo esto, informan por la radio que han fallecido ya 150 personas por causas asociadas a la influenza porcina en México. Se han reportado más de 1,500 casos de personas hospitalizadas por la misma causa. Siento miedo y refuerzo mis defensas mentalmente.

Vemos por las ventanas, la gente conduce sus carros con tapabocas. Una quinceañera lleva una mascarilla muy chic, de color rosado, con brillantina. Hasta para protegerse de los virus malignos es prioritario no perder el estilo. Unos niños muy imaginativos, lucen máscaras de lucha libre. Consigo adivinar la de Octagón y veo, admirativo, a Máscara Sagrada.

Al llegar al sitio arqueológico, notamos que la gente entra y sale también con mascarillas y tapabocas, esquivando a los vendedores de artesanías y a algunos indígenas que suenan unos pitos que simulan el rugido de jaguares y los graznidos de las águilas. Parece que la mayoría de los turistas sale huyendo; avanzamos a contracorriente.

Subimos a la Pirámide del Sol; en su cúspide abro El Universal y leo lo siguiente:

“En los últimos años, cuando los científicos esperan la aparición de un nuevo y mortal virus mutante de la influenza, se discuten muchos posibles orígenes, creyendo algunos científicos, como el extinto Fred Hoyle, que su origen puede encontrarse en el espacio.

En la década de los 50, el polémico astrónomo inglés propuso que partículas orgánicas o virus podrían vivir en el medio interplanetario y ser lanzadas ocasionalmente hacia la Tierra por la actividad del Sol, provocando epidemias”.

Veo a lo lejos a la Pirámide de la Luna e imagino que el polvo estelar cae sobre nosotros con forma de virus, precisamente para que todos consigamos recordar estos lugares sagrados y cósmicos. Recordar sus lecciones y su conocimiento. Un virus que viaja desde los asteroides para ponernos en contacto con la Tierra.

Desciendo casi corriendo de la pirámide, queriendo llegar al baño que vi en la entrada; siento un malestar estomacal súbito. Estando ya abajo, paso junto a unos vendedores de ponchos y éstos señalan un remolino de aire negro; uno de ellos me dice: “Uy, el otro día uno de esos se llevó a una pobre señora, mejor que tengas cuidado”.

La peste II

Lunes 27. Julio, Rodrigo y Beatriz partieron hacia Guatemala ayer por la mañana. Yo me quedé en el D.F., pese que la presentación de mi libro Trenes de alta velocidad, en la Casa del Poeta Ramón López Velarde, ha sido cancelada, como todos los eventos públicos. Pero improvisamos una presentación para los amigos en la colonia Narvarte.

Son las 10 de la mañana y salgo al balcón de este lindo apartamento metropolitano. Veo pasar a las personas en la calle. Observo a un niño con la mascarilla mal puesta, como si fuese un babero. Una señora lo usa de forma tal que parece un pasamontañas, una Subcomandante Marcos con cuerpo de tamalera. Ahora miro a una hermosa chica paseando a su perro; ella no usa el tapabocas, pero el cachorrito sí. La estupidez del amor.

En Sanborn’s hay un grupo de gente preocupada por no poder asistir a misa. Están bien vestidos, un aire casi aristocrático. Todas las iglesias están cerradas, ex-plican. La gente reza desde sus casas y comulga con hostias imaginarias. Los evangélicos miran en todo esto la confirmación de sus predicciones, aseguran con cierta ironía. Imagino que los fieles de la Santa Muerte estarán más serenos.

Hay una construcción en la esquina y los albañiles no cesan en su labor. Veo un puesto de tacos, en la esquina contraria, y muchas personas incapaces de resistirse a la tentación.

Escucho, de boca de una persona con aspecto intelectual, en el Metrobus, una teoría que comienza a circular como rumor, sobre la posibilidad de que el virus de la influenza porcina se trate de una especie de bomba biológica lanzada durante la reciente visita a México del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Una señora más bien humilde va sentada junto a mí, habla sola. Se dice a sí misma que esto es la antesala de la revolución que sucederá en 2010. Zapata vive.

Mientras escribo esto, tiembla la tierra y salgo de nuevo al balcón. Todos están afuera de sus viviendas y tienen mascarillas celestes y blancas, conversan nervio-sos. En la radio informan que el sismo fue de 5.7 en la escala de Richter, con epicentro en las costas de Guerrero.

Los rumores y especulaciones alrededor del brote de influenza porcina en México, ya son otra peste. Apresto los oídos y escucho.

Hay quienes aseguran que toda la situación de emergencia es un montaje del partido que controla el gobierno federal, buscando con esto cancelar todas las actividades culturales y masivas previas al 5 de mayo, fecha que termina la posibilidad de organizar eventos con tinte propagandístico, con miras a las elecciones municipales de julio. En la región metropolitana domina el partido opositor de izquierda, el PRD.

Otros aventuran que se trata de un ensayo de los mecanismos de control social, preparando el terreno para una inevitable militarización del país. Todo esto en el marco de la guerra al narco.

Otras críticas, menos conspirativas, son hechas directamente a las autoridades en general. Se les señala de no contar con datos a tiempo y de no haber ido creando escudos. También se escucha en conversaciones la crítica a la reducción gubernamental de los presupuestos en investigación, salud y educación.

Es indudable que esta epidemia afectará al flujo de turismo a México, además de crear una psicosis internacional donde la imagen de los mexicanos se está viendo afectada. Esto dará nuevos pretextos para las restricciones migratorias, en un momento de crisis financiera en los Estados Unidos.

Ahora la paranoia regresa y me imagino que al volver a Guatemala seré visto desde mi llegada al aeropuerto La Aurora como un posible agente de contagio.

Me ha escrito esta mañana Claudia, amiga bióloga residente hace años en Estados Unidos. Ella señala como culpables a los agro-negocios, quienes modifican tanto las cadenas agro-alimentarias, transformando vertiginosamente los procesos naturales, que las cepas de virus que antes sólo afectaban a animales ahora están ampliando su alcance.

Una doctora mexicana, en cuyo rostro se lee la tristeza, dice en la televisión “esta es una cepa mortal”.

Martes 28. Por la mañana, después de una fiesta, veo a mis amigos limpiar el lugar, con sus tapabocas puestos. La radio continúa dando consejos y proponiendo medidas para evitar el contagio. Las personas llaman a la radio y en su voz es posible adivinar el terror. El locutor dice que ha sido una “temporada surrealista”, refiriéndose a los temblores del día anterior, que se combinan con la emergencia nacional, provocada por el virus.

Todos los restaurantes del D.F. están cerrados; apenas se puede tomar un café en algunas terrazas. La gente acude a los supermercados para apertrecharse como si se tratara de resistir a una invasión alienígena o a la guerra del fin del mundo.

Paseo por el parque México, junto a una amiga. Un teporocho (charamilero) se acerca a pedirnos un cigarro. Le decimos que no tenemos. Él responde que no importa, que de cualquier forma hoy sí que todo se va a la chingada. Asegura que él visualizó este escenario desde hace más de 10 años, pero que nadie quiso escucharlo, que nadie ha querido buscar la luz.

Subo al Metrobus, de vuelta al apartamento en la Narvarte. Pocos vamos sin el rostro cubierto, una especie de resistencia silenciosa o un torpe desafío al en-torno. La gente no se habla y miran todos hacia el frente, como si presenciaran las escenas de su vida en una pantalla invisible. Nadie se habla, nadie se toca. Me recuerda un poco a la gente que viaja en los autobuses de Guatemala.

A pesar de todo, no me siento incómodo por acá. ¿Será que me gustan los lugares apocalípticos? Miro mi boleto de avión, acaricio mi mascarilla y me pregunto qué pasará conmigo.


Blog: www.alanmills.blogspot.com

Ilustraciones: Lady Orlando, CC BY, Mondi CC BY

Nota: Este artículo fue publicado en Magacin Siglo XXI, si desea leerlo en impreso.